Mostrando entradas con la etiqueta portugal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta portugal. Mostrar todas las entradas

Azores (IV): Porto Formoso y Chá Gorreana, paseando por plantaciones de té

miércoles, 6 de enero de 2021

Plantación de Porto Formoso Chá
Cuando pensamos en plantaciones de té seguramente la cabeza se nos va a la India o a Sri Lanka. No se nos va tanto a Azores o Galicia, los únicos lugares donde hay plantaciones industriales de té en Europa.

En el caso de Azores, parece que se empezó a cultivar en Ilha Terceira a principios del siglo XIX y aunque allí no se hace, en São Miguel se establecieron plantaciones a finales de ese mismo siglo. Una crisis en el  cultivo de la naranja, hasta entonces de gran importancia, llevó a la búsqueda de alternativas y la Sociedade Promotora da Agricultura Micalense contrató a dos técnicos de Macão (antigua colonia portuguesa en la costa de China) que se ocuparon de poner en marcha el cultivo en la isla.

Entrada de la fábrica de Porto Formoso Chá

Hubo varias plantaciones, en Capelas, Pico da Pedra, Porto Formoso y Ribeira Grande, siendo en este municipio donde se estableció la primera industria, Chá Gorreana, que empezaría a producir té en 1883, apenas cinco años después de la llegada de los técnicos chinos.

Unas décadas después, en 1920, una segunda empresa empezó a cultivar té en Porto Formoso, también en Ribeira Grande, utilizando el nombre de la freguesía para nombrar a la empresa. Porto Formoso cerró en los años ochenta y reabrió en 2001, manteniéndose hasta 2014 como las dos únicas plantaciones de té en Europa.

Máquina de té en el museo de Porto Formoso

No fueron las únicas. En el pasado São Miguel llegó a producir 250 toneladas y hubo una quincena de empresas dedicadas a su explotación, pero a medida que su rentabilidad fue cayendo también lo hizo la industria hasta que sólo quedaron las dos mencionadas.

Como curiosidad, en Portugal té se dice "chá". Al parecer ambas palabras proceden del nombre de la planta en dos dialectos del chino e incluso hay mapas por internet para ver en qué países se adoptó uno u otro.

Trabajadores de Gorreana recogiendo té

Para aquellos que llegamos a Azores es muy interesante visitar ambas fábricas. No se requiere cita previa.

En mi caso fui primero a Porto Formoso, donde una empleada recibe a los visitantes y les guía a través del museo, explicando la historia de la plantación y del cultivo del té en la isla y termina con una degustación de sus productos. 

Es tal vez la más bonita de las dos factorías, con un museo cuidado y unos jardines muy atractivos. Da un poco la sensación de ser un hotel con encanto o una quinta turística que una fábrica, pero es más que recomendable visitarla.

Turistas paseando por Chá Gorreana
Lamentablemente, no se puede pasear por la plantación, pero las vistas tanto desde la fábrica como desde la carretera son hermosas.

Chá Gorreana fue mi segunda parada. No es tan bonita como Porto Formoso, pero es mucho más visitada y hay mucho más ajetreo, dando más sensación de actividad industrial. Y es mucho más famosa. En algún momento es un hervidero de turistas.

Chá Gorreana tiene 33 hectáreas de cultivo
Además de su museo y de la degustación de té tiene un atractivo más y es que hay una ruta de senderismo que recorre la plantación, con lo cual es posible caminar entre las plantas de té y, si vas en la época adecuada, asistir a labores de recogida de la hoja.

Trabajadores de Chá Gorreana

No es demasiado larga ni complicada, pero las vistas que tiene hacen que merezca la pena la caminata hasta para quienes no son aficionados a caminar. Particularmente, me gusta la que hay desde la parte alta, con las plantaciones fluyendo hacia la fábrica, en la parte baja y el Océano al fondo.

Chá Gorreana desde la parte alta

No será la única vez que pasemos por aquí. En Porto Formoso y en Ribeira Grande hay muchas cosas para ver: playas, miradores sobre el mar, iglesias con encanto, algún faro y no está demasiado lejos de Furnas, del que escribiré sí o sí un post. A medida que vaya escribiendo los artículos iré enhebrando una ruta que os permita aprovechar mejor esta parte de la isla.

El Mapa

Rutas relacionadas

Vila Real de Santo António (Algarve, Portugal): La ciudad prefabricada

viernes, 3 de abril de 2020

 
Praça do Marqués de Pombal

Las ciudades planificadas parecen algo moderno, contemporáneo, pero es casi tan viejo como el hombre. Los romanos, a partir de sus campamentos, fundaron numerosas ciudades. Y otras muchas culturas también lo hicieron.

Así que podríamos pensar que Vila Real de Santo António no tiene nada de particular. Y nos equivocaríamos. Lo que hace singular a Vila Real es que fue una ciudad planificada y construida a partir de edificios prefabricados. Teniendo en cuenta que los trabajos empezaron a finales del siglo XVIII hablamos de una obra adelantada a su tiempo.

 
Detalle de la cuadrícula urbana de Vila Real de Santo António

La historia de Vila Real empieza de algún modo con el Gran Terremoto de Lisboa (1755). Os recomiendo que leáis la entrada de la wikipedia sobre este terremoto porque su impacto en la historia fue indeleble. Sirvió para fundar la sismología, impactó en la filosofía e incluso se construyeron algunos edificios resistentes a terremotos durante la reconstrucción.

En el momento de producirse dicho terremoto había una guerra abierta entre la alta nobleza portuguesa y el favorito del Rey, el Marqués de Pombal. Los primeros consideraban al segundo un advenedizo sin nobleza y el Marqués, por su parte, consideraba que los nobles eran corruptos e ineficaces.

 
Edificios al lado del puerto

La competente respuesta del Marqués al terremoto le granjeó una gran popularidad. La reconstrucción en tiempo récord de la capital y la forma en que gestionó el cuidado de los supervivientes le dieron un crédito ilimitado. La inmensa popularidad ganada acabó con el poder de la nobleza y un poco claro intento de magnicidio sobre el Rey poco tiempo más tarde condujo a la exterminación de la familia Távora, una de las más poderosas, y a la consolidación de la posición del Marqués, que se acabaría convirtiendo en una figura central de la historia portuguesa.

Años después, ya siendo hombre fuerte del país de forma indiscutida y tras una breve guerra con España, el Marqués estimó que el Algarve estaba desprotegido ante una eventual invasión desde Sevilla. Tan sólo Castro-Marim al sur y Alcoutim un poco más al norte, enfrente a Sanlúcar de Guadiana, pero demasiado retirado para ser de ayuda, se interponían en el camino de esa hipotética invasión. Además existía la necesidad de controlar el tráfico de mercancías que entraba y salía por el Guadiana, que es navegable por muchos kilómetros.

 
Puerto deportivo de Vila Real de Santo António

Para aumentar las defensas de la frontera decidió que necesitaba aumentar la población local. Para ello se decidió la construcción de una ciudad totalmente nueva siguiendo los mismos principios que se habían aplicado en la Baixa lisboeta.

El lugar elegido fue el que ocupaba una aldea de pescadores que se llamaba Santo António da Arenilha.

Se estableció una malla ortogonal a partir de la plaza principal, que hoy lleva su nombre. En esta plaza fue donde se erigieron los primeros edificios, entre ellos el del ayuntamiento, la iglesia y la Casa de la Guardia.

 
Barcos en el puerto deportivo

Las canterías necesarias para la construcción se elaboraban en Lisboa y se enviaban por barco hasta Vila-Real, donde se utilizaban de forma inmediata. En apenas dos años la ciudad fue levantada en el lugar de una antigua aldea de pescadores que había desaparecido tragada por las arenas y las tempestades. La nueva ciudad se convirtió en un puerto de mercancías y desde un primer momento fue una población próspera.

El comercio marítimo-fluvial y la pesca fueron grandes motores económicos, junto con la explotación agrícola de sus tierras. En las últimas décadas el sector turístico ganó peso debido al extenso arenal que nace en la desembocadura del Guadiana y que es una prolongación de los de la Ría Formosa.

El mapa
Tierras de Frontera

Rutas Relacionadas 


Azores (III): Lagoa do Fogo, una laguna en el cráter de un volcán

viernes, 28 de junio de 2019

 

De Azores ya conocemos un volcán, el de Sete Cidades, que es el más grande y espectacular. Pero tal y como había mencionado, la isla es abundante en cráteres y alguno más merece la pena.

El de Lagoa do Fogo es donde se registraron algunas de las erupciones más recientes de São Miguel, allá por el siglo XVIII y uno de los más bonitos. Su situación, en el centro de la isla, más retirado de Ponta Delgada, y el hecho de que para llegar al interior hay que meterse una buena pateada lo convierten en un lugar mucho más natural y salvaje que Sete Cidades.

 

El volcán de Lagoa do Fogo es el más joven de la isla de São Miguel, y se habría formado hace unos 15000 años y su forma actual se habría fijado hace unos 5300, cuando colapsó un edificio anterior. La última erupción registrada fue poco después de la llegada de los portugueses, allá por 1563 (y que no tengo ni idea de en qué parte del cráter ocurrió porque no vi nada de nada)

Hay dos formas de llegar a Lagoa do Fogo. Una por el sur, desde la costa de Vila Franca do Campo y la otra desde el norte, desde la carretera que pasa por Caldeira Velha. Si el día está nublado os aconsejo la ruta sur, porque el mirador puede estar cubierto de niebla y desluce las vistas.


Como siempre, cuando se trata de senderismo hay que tener unas pequeñas precauciones: ropa adecuada, dependiendo del clima y calzado adecuado porque son varios kilómetros de caminata (¡y vuelta!) y en algunos tramos puedes pisar cemento cubierto de musgo. Aparte, agua y comida.

El camino sur, que es el que conozco, empieza en un aparcamiento cerca de la conocida como Fábrica da Cidade, una antigua central hidroeléctrica en ruinas que no visité, entre Praia y Água de Alto. Lo de aparcamiento es un decir. En mi caso el coche quedó en una cuneta, bien arrimado para permitir el paso de otros coches y vehículos agrícolas.

 

A partir de ahí comienza la ruta por un camino rural bastante polvoriento. Como dije en la ruta de preparación, São Miguel es mucho más agrícola que turística, así que es muy fácil encontrarse con tractores, pick ups o vacas por el camino. Hay que ser precavidos y tener en cuenta que una vaca con un ternero se puede volver un poco agresiva.

Aunque el camino en principio es suave se va a ir endureciendo progresivamente. Tampoco es que sea como subir el Teide, pero algunas cuestas es mejor tomárselas con calma. La primera parte no es demasiado bonita. Tal vez algunas vistas sobre la costa para amenizar el paseo pero poco más. Eso y el canturrear del agua que baja... en tuberías.

 

La cosa mejora con el bosque de criptomerias. La criptomeria es un tipo de árbol que procede de Extremo Oriente y que en la isla se ha plantado extensivamente para su explotación forestal. Por desgracia casi todo el bosque autóctono ha sido barrido del mapa y la criptomeria y otras invasoras ocupan su lugar. Son bosques que tienen algo de exótico, como pasearse por Endor. En algunos momentos tenía la sensación de que me iba a saltar un ewok de detrás de un helecho.

Y al final del camino ancho llegamos a la levada que comunica el cráter con las canalizaciones que llevan agua hasta las zonas pobladas del sur de la isla. Como en Madeira, la gestión del agua es un asunto capital. De hecho, el agua de la Lagoa do Fogo es una de las reservas de agua más importantes de São Miguel.


El paseo por la levada es quizás el tramo más bonito. El bosque y la vegetación de arbustos y herbáceas que rodea a la levada son realmente bonitos y te hacen sentir como en el trópico o algún lugar muy alejado de Europa. El colorido en un día soleado es soberbio. Desgraciadamente, es un tramo relativamente corto y hubiera deseado que durase algo más.

El tramo final antes de la Lagoa es la parte de cráter que se abre hacia el sur. Por aquí las coladas del volcán vertieron sus flujos magmáticos en el pasado. La antesala es una parte muy verde y con vegetación y a continuación la caldera se abre totalmente en un gran anfiteatro.

 

Y esta, amigos, es la parte más peligrosa del paseo: en época de cría está llena de gaviotas agresivas que van a marcar territorio. Durante mi paseo avanzar fue sencillo, pero volver fue un infierno de vuelos rasantes y bombas de guano. Tenedlo en cuenta antes de subir porque son bastantes. Os recomendaría ir con un paraguas por si deciden buscar el contacto físico en sus ataques, que también puede pasar. Y si podéis ir acompañados, mejor que en solitario.

La Lagoa está en la parte alta de la caldera y es una zona donde, curiosamente, apenas había gaviotas. Desde allí hay un pequeño alto que servirá de mirador y desde el que veremos buena parte de la laguna. El día que fui, soleado, la laguna tenía un color azulado muy bonito. Al frente se ve una playa por la que tal vez podréis ver a gente paseando: son los que han cogido la ruta norte, desde el mirador. O tal vez gente que vino desde el sur y tenía tiempo y humor para rodear la laguna.

 

A mano derecha un camino inicia un lento ascenso que lleva a un mirador, pero a esas alturas y con las gaviotas un poco nerviosas preferí no continuar.

El baño en la laguna está terminantemente prohibido. Además de su innegable valor ambiental ya que en toda la caldera hay especies endémicas de la isla que tienen aquí uno de sus últimos refugios, el hecho de ser una reserva de agua dulce de las más importantes de la isla hace que sean especialmente cuidadosos con ella.

En cuanto al mapa, el único punto que os vale es el primero, que es donde empieza la ruta, que por otra parte está bien señalizada. Podéis conseguir puntos para el GPS y un mapa en este enlace


El Mapa

Rutas relacionadas

Azores (II): Sete Cidades: Un pueblo en el cráter de un volcán activo

martes, 11 de junio de 2019


 
Dentro de los muchos atractivos que contiene la isla de São Miguel el más conocido es el enorme cráter de Sete Cidades, que tiene un diámetro de unos 6,5 kilómetros y a su vez contiene varios cráteres menores más recientes y dos lagunas que, si las condiciones de luz son propicias, verás de diferente color: una verde y otra azul.

Un buen lugar para empezar esta ruta sería la zona de las lagunas. En las laderas de Sete Cidades se encuentran varias lagunas con su correspondiente parque forestal. Atentos al horario u os pasará como a mi teniendo que volver otro día. Las dos más conocidas son la Lagoa das Empadadas y la Lagoa do Canário.


Tanto Lagoa das Empadadas como Lagoa do Canário conducen a unos miradores fantásticos sobre la isla. El que está en la parte alta de Lagoa das Empadadas, Pico Paúl, es tal vez el menos conocido mientras que Boca do Inferno, al que se accede desde la Mata (bosque) do Canário, es la imagen por excelencia del archipiélago, con unas vistas excepcionales sobre Sete Cidades.

Si seguimos montaña arriba por la carretera que une los parques de ambas lagunas llegaremos a un desvío que nos conduce al interior del cráter. Por el momento vamos a ignorar esta carretera, pero luego bajaremos por ella. Seguiremos un poco más adelante, como medio kilómetro o así hasta llegar al mirador de Vista do Rei.


Vista do Rei es tal vez la mejor vista sobre Sete Cidades y otra de las imágenes icónicas del archipiélago. Desde aquí se ven las dos lagunas, Lagoa Verde y Lagoa Azul, de forma consecutiva. Con buenas condiciones de luz la vista tiene que ser extraordinaria. Con luz fea, lo que me tocó en suerte, la vista impresionaba. Y es más impresionante desde la azotea del hotel que está justo ahí.



Este hotel, un tremendo fiasco económico cuya historia cuentan muchos otros blogs, está abandonado y saqueado hasta tal punto que se han llevado la caja del ascensor y le han mangado hasta las moquetas. Es bastante postapocalíptico y por ello mismo fetiche de los amantes del urbex. Teóricamente está prohibido entrar en el edificio, pero nadie está ahí para impedirlo. Con cuidadito y con responsabilidad: yo casi me caigo por un agujero por no estar atento.

La carretera continúa hacia Ponta Delgada, pero si no tenéis mucho miedo a ensuciar el coche hay una ruta de tierra que rodea todo el cráter por la cima. Hay vistas sobre Sete Cidades y las diferentes calderas que contiene de todas las formas, ángulos y colores. Y senderistas y motoristas a lo largo de los casi veinte kilómetros, así que precaución. Y cortesía: en algunos puntos la pista es estrecha y habrá gente que haga lo mismo que vosotros, pero en sentido contrario.


Y al terminar de rodear Sete Cidades volvemos al cruce del que hablé antes y vamos a bajar por él. Hay un par de miradores por el camino en los que merece la pena parar, tanto por las vistas sobre Lagoa Verde y Lagoa Azul, como a la caldera que contiene la Lagoa de Santiago.

Más adelante llegaremos al puente que cruza el estrecho entre ambas lagunas. Antes de cruzarlo os recomendaría seguir por la pista de tierra que hay a la derecha. Es una pista de tierra de varios kilómetros que nos llevará al extremo norte de la Lagoa Verde. Al final del camino hay un pequeño parque (hay varios en toda la caldera de Sete cidades) muy tranquilo a donde no va nadie o casi nadie. Fue un rinconcito que me gustó especialmente, con los árboles a pie de agua y las paredes del  cráter al fondo, con mucho verde y mucha vida.


De vuelta al puente podemos terminar esta ruta en el pueblo de Sete Cidades, capital de la freguesía (parroquia). No es un pueblo especialmente bonito, pero tiene su encanto. La iglesia me pareció el edificio más destacado. Casi enfrente de la salida de la iglesia hay un pequeño bar con su restaurante que por un precio muy ajustado os ofrece comida local. Si tenéis hambre es un buen sitio para parar: el filete de atún a la plancha que comí estaba increíble y no llegó a los siete euros.

Si queréis seguir explorando hay un par de carreteras más que recorren la caldera o ver el mirador desde la orilla opuesta de la Lagoa Verde, donde hay un túnel de desagüe. Por desgracia, me enteré demasiado tarde de su existencia. Este túnel sirve para que en caso de aumentar el nivel de las aguas de las lagunas el exceso de agua pueda aliviarse al exterior de la caldera, evitando inundaciones en el pueblo y en los terrenos más cercanos al agua.


Como todo lugar mágico, Sete Cidades tiene leyendas que explican su origen. Algunas bastante pintorescas, como la del obispo portugués que huyendo de la invasión árabe de la península habría llegado a este lugar. O la princesa que habiéndose enamorad de un pastor llenó con sus lágrimas las lagunas.

Sin embargo la realidad, esta vez menos poética que la leyenda, habla de una isla volcánica que nace en las cercanías del encuentro entre las placas africana, americana y europea. Tal como mencioné en el artículo de preparación, dependiendo de en qué isla estás estarás en un continente o en otro. En el caso de São Miguel, estás en Europa

El Mapa
Rutas relacionadas
Fotos relacionadas

Azores (I): Preparando el viaje

viernes, 24 de mayo de 2019

 
 Lagoa do Fogo

Hace unos años tuve la oportunidad de visitar Madeira. Fue un viaje que me marcó mucho porque descubrí una de las tierras más hermosas en las que he puesto el pie. Aquel viaje fue demasiado corto y debería haber dedicado más tiempo a la isla. Así que cuando me planteé visitar Azores no cometí el mismo error. São Miguel tiene muchas cosas para ver y muchas actividades que hacer. Tal vez no sea tan espectacular como Madeira pero una semana es el tiempo que deberías dedicarle si quieres conocerla de verdad.

Al igual que para la visita a Madeira hago un primer artículo de preparación. Hay una serie de cosas que conviene saber antes de lanzarse a la aventura y que os permitirán aprovechar mejor el tiempo y disfrutarlo más, sin entrar en rutas o destinos.

Caldeira Velha

Aunque parezca mentira tener que decirlo Azores es parte de Portugal y se habla portugués. Como en la mayor parte de Portugal mucha gente tiene buen nivel de inglés, pero siendo castellanoparlante hay que ser verdaderamente melón para ser capaz de leer un cartel. No es excusa para quedarse atrapado en una carretera, por ejemplo.

Aunque la lengua escrita es fácil, otro tema es la lengua hablada. Los miquelenses tienen un acento bastante jodido. Y aunque ha disminuido el impacto con los años sigue siendo complicado, sobre todo si vas a la parte occidental de la isla. Recuerdo haber visto documentales en la televisión portuguesa donde ponían subtítulos cuando hablaba alguien de esta isla. En Ponta Delgada el acento es muy diferente del acento portugués que podéis conocer, pero si te hablan despacio no hay excusa.

Bosque de Criptomeria

Azores tiene una hora menos que Portugal continental. Es decir, dos horas menos que en España peninsular y una menos que Canarias. También hay que mencionar que está tan al oeste (algo más cercana a Europa que a América) que amanece y anochece mucho más tarde. Hora y pico con respecto a Galicia. O más de dos horas después que en Baleares.

El cambiante clima azoriano (¿el anticiclón de las Azores? ¡un mito!) hace que en cualquier momento del año debas estar preparado para cualquier cosa. En mayo, cuando fui yo, tuve tiempo variando entre nuboso y soleado y en julio, cuando fue una amiga, llovió. Y no es exactamente coincidencia, así que es bueno llevar alguna prenda de ropa para la lluvia.

Caloura

También es bueno llevar ropa para hacer senderismo. Uno de los puntos fuertes de la isla son las muchas rutas que tiene. Sin ser como las de Madeira, merece la pena caminar. Hay rutas por toda la isla y aunque el objetivo de mi viaje no fue ese me hice algunas rutas: subí a la Lagoa do Fogo, subí al Pico da Vara, que con 1103 metros de altura es el techo de la isla, y me metí por el monte para llegar hasta el Salto do Prego. Ya os hablaré de ello.

Una curiosidad sobre las Azores es que dependiendo de la isla a la que vayas estarás en un continente o en otro. Al ser una zona de confluencia entre las placas tectónicas de América, Europa y África hay islas en los tres continentes. São Miguel, la que he visitado y la de mayor superficie del archipiélago, está en Europa.

Ilheu de Vila Franca do Campo

Lo anterior también da una pista acerca del origen de las islas. El choque de estas tres placas ha supuesto una actividad volcánica intensa que dio lugar a la formación de tierras emergidas. Por ejemplo, São Miguel es una colección de volcanes de punta a punta, algunos muy impresionantes y reconocibles, como Sete Cidades o Lagoa de Fogo y que ya veremos en sus respectivas rutas.

Aunque pueda parecerlo, São Miguel no es nada turística. Pero nada de nada. No hay resorts o grandes hoteles (o yo no los he visto) y casi toda la costa está libre de esos engendros arquitectónicos que tanto daño han hecho en la Península, Canarias y Baleares. El turismo es, en el mejor de los casos, una actividad económica secundaria.

Campo termal a la orilla de la Lagoa de Furnas

Supongo que en Ponta Delgada, la capital, habrá un poco de todo, pero no recuerdo que ninguno de los alojamientos me llamase demasiado la atención y aparcar no parecía fácil (de hecho, no lo es). Entre ORA y calles estrechas o peatonales Ponta Delgada no es el lugar más cómodo para tener coche. Y si vais a alquilar coche siempre podéis buscar alojamientos en otras poblaciones. Yo preferí buscar un apartamento en la zona de São Lourenço da Montaría. Visto sobre el mapa es por donde San Pedro perdió la zapatilla, pero sólo está a unos 15 kms del centro de Ponta Delgada, y a un precio más que bueno. 45 metros cuadrados de pura comodidad y tranquilidad.

La principal industria de la isla tampoco es la pesca, aunque pueda parecer extraño: los miquelenses tienen en la cría de ganado vacuno su principal fuente de ingresos: hay tantas vacas como habitantes humanos y amplias áreas de la isla están dedicadas a pasto. Hay que tener esto en cuenta cuando se utilizan carreteras secundarias porque no es nada raro que tras una curva te encuentres con un rebaño de vacas cruzando tranquilamente.

 
Gallina silvestre en Povoação

En cuanto a la comida la gastronomía miquelense está basada en las carnes de vacuno, los lácteos y el pescado. Puede que no sea la más elegante o espectacular del mundo, pero está buenísima y a un precio más que razonable si sabes dónde buscar. En Sete Cidades me sirvieron una rodaja de atún a la plancha que estaba tan buena y tenía un precio tan económico que les dejé una buena propina porque me daba vergüenza pagar tan poco. Además de ello hay algunos cultivos más exóticos como la piña y el té.

En cuanto al coche, el precio me pareció muy razonable. Alquilé en Enterprise a través de TAP y genial. Fue un poco más caro que en Canarias pero el coche estaba en perfecto estado de revista, lo que es importante si piensas subir cuestas. Después de la horrible experiencia de Budget y el Mitsubishi Colt de Madeira este punto lo tenía muy presente durante la organización del viaje.

 
Jardín en el Mirador de Ponta do Sossego

Y ya que lo menciono, ojo con las cuestas. En la costa las hay tan pronunciadas que NO debéis bajar por ellas con el coche. Hay señales que lo indican, pero por si algún crack cree que va a subir una pendiente del 35% con un coche del segmento B mejor que se lo piense dos veces: las grúas de Azores están más que aburridas de rescatar a turistas que se creían muy listos.

Supongo que ya imaginaréis que bajarlas a pie cuesta y subirlas a pie cuesta mucho más. Si no estáis en forma y tenéis problemas de corazón tomadlo con calma y recordad que subirlas en zigzag no es deshonroso y cansa mucho menos. Si las cabras montesas usan esta técnica, vosotros también podéis. Y si os miran raro pensad que váis más o menos descansados y ellos estarán a punto de echar los pulmones por la boca.

 
Faro de la Ponta do Arnel

Y empezamos con las rutas. En cada una de ellas voy a poner un mapa de los sitios que voy a mencionar y un mapa más amplio de la ruta que hice. Y además algunas paradas serán desarrolladas en un post aparte porque hay cosas que contar, como haré con las plantaciones de té o la subida a Lagoa do Fogo. Espero que os sean de utilidad.

Ruta combinada

Castro Marín (Algarve, Portugal): Dos castillos sobre el Guadiana

sábado, 11 de mayo de 2019


 

La frontera entre España y Portugal apenas se ha movido a lo largo de su historia. Algunos de los tramos más antiguos constituyen las fronteras más antiguas de la tierra siendo válidas desde hace cerca de novecientos años.

Como hemos visto en post anteriores (y veremos en otros más adelante) la relación entre los diferentes reinos que estaban a uno u otro lado de la frontera (Galicia, León, Castilla, España y Portugal) no siempre fue plácida y se establecieron fortificaciones para protegerse de los demás.

 

Hoy veremos el más meridional de estos fuertes, casi en la desembocadura del Guadiana, Castro-Marim. Es curioso lo que es la historia. A lo largo de muchos siglos Castro-Marim era el lugar en el que se terminaba Portugal, pero la fundación de Vila-Real de Santo António, unos kilómetros al sur le robó ese protagonismo. De hecho, la primera vez que pasé por allí ni siquiera sabía que Castro-Marim existía.

Sin embargo Castro-Marim fue importante desde hace siglos. Estando casi en la desembocadura del Guadiana representaba paso fluvial más accesible antes de llegar al mar. A partir de aquí el Guadiana se abre y empieza una zona de marismas que dificultan el cruce. Esta situación le convertía en paso obligado para aquellos que iban desde Andalucía hacia el Algarve. En tiempos del emirato y el califato de Córdoba eran parte de la ruta que unía a los centros de poder musulmanes con esta provincia, una de las más queridas por los árabes.

 

Pero la presencia humana en Castro-Marim y alrededores viene de antiguo. Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos... todos ellos se asentaron aquí.

Castro-Marim dejó de ser musulmana en el siglo XIII, cuando los portugueses la ocuparon. Alfonso III de Portugal ordenó la construcción de su castillo para la protección de la frontera y de las salinas que desde siempre ha habido aquí. De hecho, es imposible saber cuándo empezó la explotación salinera en esta región. El castillo fue construido sobre fortificaciones anteriores, debiendo ser la primera de ellas un castro neolítico, y fue ampliado cuando Ayamonte se convirtió en territorio castellano.



El castillo pronto dejó de tener importancia, al terminar la fase portuguesa de la Reconquista y Castro-Marim empezó a perder población. La Orden de Santiago, que había ocupado el castillo, fue enviada a Tomar y esta fase de decadencia no terminó hasta que los portugueses entraron en la Edad de los Descubrimientos. El Algarve pasó entonces a ser una posesión privilegiada dentro de Portugal al ser el punto de partida de sus navegantes. Castro-Marim y el resto de plazas algarvías fueron reformadas y al castillo viejo se añadió el Fuerte de São Sebastião, situado en un cerro justo enfrente y preparado para hacer frente a artillería moderna.

El pueblo no merece mucho la pena. Sus calles que no se diferencian en gran cosa de tantas otras poblaciones portuguesas. El castillo, sin embargo, es otra cosa.

 

Visitarlo supone una pequeña sorpresa. Acostumbrados a castillos ajardinados, empedrados y maravillosamente "puestos en valor" el de Castro-Marim es mucho más rústico, con suelos polvorientos y pocas concesiones a las estéticas más modernas. El interior del recinto está ocupado por estructuras que sirven para pérgolas o pequeños puestos como de mercadillo. Alguno de ellos tiene un techo de tela que permite generar una pequeña sombra, y hay mesas y sillas bastante básicas, a veces unos tablones clavados entre sí, y que seguramente serán para el consumo de comidas y bebidas.

La muralla se puede recorrer, al menos parcialmente. Desde ella hay vistas al Guadiana y sus marismas e industrias salineras, y también a Castro-Marim, que rodea el castillo. A lo lejos, al otro lado del río se ve Ayamonte y entre ambas el moderno puente que une la autovía del Algarve (A22) con la Autovía V Centenario (A-49) que va a Sevilla.

Enfrente al castillo se puede ver el Forte de São Sebastião. Este fuerte se construyó tras la Guerra de Restauración, en que los portugueses se independizaron por última vez de la Corona de Castilla. El viejo castillo ya no era útil contra la artillería moderna y Castro-Marim, entonces principal plaza fuerte del Algarve, necesitaba una fortificación mejor preparada.

El complejo militar de la villa se completaba con el Revellín de São António, que se encuentra al este y donde hay una capilla

El mapa
Rutas Relacionadas 

Monsaraz (Alentejo, Portugal): la perla del Alentejo

martes, 7 de mayo de 2019


 

Os había contado algo acerca del Lago Alqueva en el post acerca de Juromenha. El problema es que en Juromenha, a pesar de las magníficas vistas, sólo estábamos en la cola del embalse y luce mucho menos.

Pero hay un lugar con unas vistas privilegiadas sobre el embalse y que, además resulta que es realmente precioso.


Y ese lugar es Monsaraz, para muchos el pueblo más bonito del Alentejo. Y es decir mucho porque hay pueblos como Marvão son realmente bonitos.

Monsaraz era una villa fortificada en lo alto de una montaña y que domina una amplia región sobre el Valle del Guadiana. Si bien en su época de mayor poder la vista debió ser impresionante actualmente está a otro nivel.

 

Alqueva es una obra reciente, realizada a principios de este mismo siglo, y constituye el mayor lago artificial de Europa. De punta a punta hay unos 83 kilómetros en línea recta y su costa es de 1160 kms, que es más o menos la que resultaría de sumar la costa continental de Portugal y la de Madeira e Islas Salvajes. Todo el país menos las Azores.

La vista desde Monsaraz de esta colosal reserva de agua dulce es francamente impresionante. Es como si tuviese su propio, estrecho y recortado mar. Algo así como una ría lejísimos del océano.


Pero Monsaraz no es un mirador. Como dije antes, es el pueblo más bonito del Alentejo para muchos que conocen la región mejor que yo y es de largo el más bonito de los que he visitado. Para los portugueses Monsaraz es una de las Siete Maravillas de Portugal. Será por algo.

Monsaraz fue habitada desde la antigüedad. Numerosos restos prehistóricos como un par de menhires y un cromlech existen en la parroquia

 

Durante la Reconquista Monsaraz fue arrebatada a los musulmanes en la segunda mitad del siglo XII, por Gerardo Sin Miedo, el mismo que había conquistado Juromenha. Pasaría más de un siglo hasta que recibió fueros, lo que es algo extraño teniendo en cuenta la importancia estratégica de la plaza, primero por su cercanía a los territorios musulmanes y segundo por su posición cercana a la frontera con el Reino de Castilla.

A pesar de ello y de estar en lo alto de una montaña hay aparcamiento gratuito suficiente, al menos en días de semana, para aquellos que se acercan con su coche y sin alejarse demasiado de la puerta principal.


La piedra de la muralla es oscura y contrasta vivamente con las casas del interior, que recuerdan a los Pueblos Blancos andaluces. La forma del pueblo es como un huso, adaptándose al terreno, y desde la puerta de entrada, flanqueada por dos torres, parten varias calles que convergen en las cercanías del castillo, en el extremo opuesto de la muralla.

El castillo es una fortaleza articulada entorno a un pequeño patio de armas que hoy en día aparece rodeado por un graderío y presidido por una gruesa torre del homenaje. En Portugal está prohibido matar a los toros durante los festejos taurinos, pero este patio de armas es uno de los dos únicos lugares de del país donde esta prohibición no tiene efecto.

 

Las calles, adoquinadas, están cerradas al tráfico y son una preciosa área peatonal. Hay talleres de artesanía y restaurantes por todas partes. Y pequeñas terrazas que sirven de mirador hacia un lado u otro del pueblo, alcanzando la vista muchos kilómetros en cualquier dirección. Pero esta sensación de poder es aparente. Monsaraz no es capital de su municipio desde el siglo XIX, cuando Reguengos de Monsaraz pasó a ser la capital del ayuntamiento.

La afluencia de visitantes y la belleza del entorno se ve enriquecida durante el mes de julio de forma bienal celebrando el llamado "Monsaraz, Museo Abierto". Además de esto la Iglesia de Santiago es una galería de arte donde hay permanentemente exposiciones.

El mapa
Ruta combinada
Rutas Relacionadas 

Juromenha (Alentejo, Portugal): la abandonada centinela del Guadiana

miércoles, 1 de mayo de 2019

 

España y Portugal han sido vecinos desde la Edad Media, cuando el condado de Portugal accedió a la independencia con Afonso I Henríques. Algunos tramos de la frontera original entre ambos países siguen siendo válidos hoy en día, diez siglos después.

Pero esa frontera ha sido escenario de muchas guerras y muchas desconfianzas. Con el tiempo España y Portugal han pasado a ser amigos además de hermanos y algunas de las fortificaciones que se construyeron hoy están abandonadas o reconvertidas en atracción turística. Y algunas, incluso olvidadas.


Juromenha podría ser la más espectacular de estas fortificaciones olvidadas. Igual que el fuerte de Lovelhe, en Vila Nova de Cerveira, se trata de un fuerte moderno, del siglo XVII, aunque en su caso es el heredero de complejos anteriores que se remontan hasta la prehistoria. Aún es posible encontrar elementos de origen romano en sus muros.

El castillo, núcleo del complejo, es de origen musulmán. Formaba parte de las defensas de la Taifa de Badajoz y fue musulmana hasta que Geraldo Sem Pavor (Gerardo Sin Miedo), un aventurero portugués al servicio de Afonso Henríques que era muy activo por estas tierras, consiguió tomar el castillo.


Durante siglos Juromenha, varias veces reformada, fue suficiente para la protección de la frontera. Una de estas reformas fue, paradójicamente, la causa de la caída de la plaza. La reforma en la que se abaluartó el recinto fue encargada a un ingeniero francés que seguía los métodos de Vauban, Nicolas de Langres, que luego vendería los planos a los castellanos. En última instancia Castilla perdió la guerra y Portugal volvió a ser independiente, con lo cual Juromenha volvió a manos portuguesas.

La duradera paz entre España y Portugal fue restando importancia a Juromenha, que entraría en decadencia a partir del siglo XIX. La población civil fue abandonando las murallas e instalándose en el arrabal que se sitúa a las puertas. Juromenha perdió su municipalidad y se convirtió en una freguesía de Alandroal hasta hace unos años, cuando fue extinguida. En los años veinte del siglo pasado los últimos habitantes de la muralla la abandonaron y la moderna Juromenha son un par de hileras de casas de planta baja frente a la entrada principal.


Que una fortaleza esté en ruinas es algo tristemente habitual. Pero que una que ha sido ocupada hasta tiempos recientes se caiga a pedazos es mucho más infrecuente y descorazonador. No hay razón para que tal cosa ocurra. Una vez franqueada el panorama puede ser desolador: dependiendo del momento Juromenha será transitable o una selva de malas hierbas y matorral, o lo mismo de antes pero desbrozado.

Las casas más humildes hace tiempo que desaparecieron, hundidas por los elementos, podrida su madera o canibalizados sus materiales. El saqueo se extendió a los edificios más notables: las iglesias (una de las cuales sirvió para tres bodas reales), el antiguo ayuntamiento, y el resto de edificios civiles o militares han sido concienzudamente expoliados


Presidiendo el conjunto está lo que queda de su castillo medieval. Una solitaria bandera portuguesa ondea en lo alto de la torre del homenaje. Un triste recordatorio de lo que un día fue una de los castillos principales del Reino de Portugal.

La creación del lago Alqueva representa una pequeña esperanza de prosperidad para los habitantes de Juromenha, en su mayoría agricultores. La subida del cauce del Guadiana, impresionante en este tramo, ha permitido la construcción de un par de muelles. La cercanía con Elvas y Badajoz permite soñar con un florecimiento del sector turístico y de la navegación fluvial. El embalse mide desde aquí casi ochenta kilómetros, con multitud de rincones para explorar para quienes se puedan permitir un barco.

 

En la actualidad hay un proyecto para convertir lo que queda de la fortaleza en una pousada, aunque desconozco si a manos de Pousadas de Portugal (la versión lusa de nuestros Paradores) o de una iniciativa privada. Por lo que he leído hay controversia acerca del proyecto y parece estar paralizado. Esperemos que Juromenha sobreviva hasta que el gobierno portugués se decida a efectuar las obras necesarias.

El mapa
Ruta combinada
Rutas Relacionadas