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La costa estremeña (Estremadura, Portugal)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Igreja de Nossa Senhora de Nazaré (Leiría, Portugal)
Igreja de Nossa Senhora de Nazaré


Nazaré (Leiría, Portugal)
Nazaré


Santuario do Senhor Jesús da Pedra (Óbidos, Portugal)
Santuario do Senhor Jesús da Pedra


Óbidos (Portugal)
Óbidos

Porto Novo, Vimeiro (Torres Novas, Portugal)
Porto Novo, Vimeiro


Praia de Ribeira d'Ilhas (Ericeira, Portugal)
Ribeira d'Ilhas


Praia dos Pescadores (Ericeira, Portugal)
Praia dos Pescadores (Ericeira, Portugal)


Praia do Sul (Ericeira, Portugal)
Playa en Ericeira

Azenhas do Mar (Sintra, Portugal)
Azenhas de Mar

Azenhas de Mar, Sintra (Portugal)
Azenhas de Mar


Aunque hoy en día no existe Estremadura como tal región administrativa en Portugal, históricamente sí que lo hizo, y su costa norte se corresponde bastante aproximadamente con la ruta que os propongo. Aunque no he visitado todos los lugares de los que voy a hablar, tengo inmejorables referencias de ellos.

Y uno de esos lugares es la pequeña villa de São Pedro de Moel, donde comenzará nuestro recorrido. Se trata de una población que conoció tiempos mejores en lo que a turismo se refiere. El suyo era un turismo elitista que aún hoy da fama al lugar, a pesar de que este carácter se ha perdido y parece que se aprecia una cierta decadencia... al menos si atiendo a lo que leo por ahí. Tienen fama sus parques entre pinares y la Pena da Saudade, donde dice la leyenda que la Duquesa de Caminha lloraba cada día a su ejecutado esposo... lamentos que alguna gente cree aún percibir en el sonido del mar.

Hacia el sur se encuentra Nazaré, otro de los grandes destinos turísticos de playa de Portugal y, para mí, uno de los pueblos más bonitos del país. No es tan espectacular como Sintra, ni tan encantador como Óbidos, pero como pueblo turístico con encanto no creo que haya muchos que superen a Nazaré en el país. Sus calles de casas blancas, su enorme playa y sobre todo la zona del mirador que está al norte de la población son muy recomendables, con sus vistas y la Igreja de Nossa Senhora.

São Martinho do Porto parece (no la conozco) un poco maltratada por el turismo, ya que en primera línea de playa se ven bastantes edificios que parecen hoteles. De todas formas, la gente habla bastante bien de su playa y de su ambiente.

Si pena tengo por no conocer São Martinho y São Pedro, más me queda por no conocer Foz do Arelho, aunque sólo sea por las curiosidades del lugar: parece estar en la desembocadura de un río, como dice su nombre... pero es que no existe ningún río Arelho y tampoco está en la desembocadura de ninguno. Foz do Arelho está en la desembocadura de la Lagoa de Óbidos, una laguna litoral del mismo tipo que otras vistas en rutas anteriores como la Lagoa de Santo André en Sines o la Lagoa de Albufeira en Sesimbra. Las fotos muestran un lugar realmente interesante... y a mi estas lagunas litorales me pierden.

La siguiente parada sería Óbidos, ya vista en rutas anteriores. Se trata de un pueblo construido mayoritariamente dentro de unas murallas y en lo alto de una pequeña elevación sobre el terreno circundante y en el que merece la pena detenerse. Por el castillo, por las vistas, por el acueducto de la entrada, por callejear... elegid la razón, pero para mí Óbidos es parada obligatoria cuando paso por esa región.

Desde aquí podemos ir hacia Peniche (cuidado, usuarios de Sygic... calcula fatal esta ruta: el mejor camino es por la vía rápida). En Peniche hay poco que ver en comparación: sus acantilados son realmente bonitos, de arenisca, y se puede coger un barco hasta las Ilhas Berlengas, unas islas a un puñado de kilómetros de la costa en las que no he estado, pero cuyo aspecto en fotos me seduce bastante. También tiene una fortaleza, pero es bastante ordinaria.

A propósito, Peniche tiene dos cámpings: el privado, con personal borde y maleducado que además trata bastante mal a los españoles y unas duchas en un estado, hablo de 2008, bastante malo y el público, mucho más barato y a la entrada del pueblo según sales de la vía rápida y con un personal muy amable y educado (y unas duchas en mejores condiciones)

A partir de este punto los amantes del surf pueden ir prestando más atención. Peniche en sí mismo y sospecho que los pueblos que he ido mencionando antes son lugares de peregrinación surfera... pero de aquí en adelante vienen las mejores playas o eso tengo entendido. Y por acojonante que parezca, el turismo no ha destrozado completamente el lugar, como podéis ver en la foto de Porto Novo, Vimeiro, donde podemos parar para ver cómo la arena fosilizada y compactada se está convirtiendo en roca... y un hotel que rompe por completo el encanto del lugar.

Por esta zona hay playas como São Lourenço, Ribeira d'Ilhas y otras, que nos van a regalar la vista hasta que lleguemos a Ericeira, otro pueblo que ya se había visto en otra ruta y famoso tanto por su turismo, como por el hecho de haber sido el punto de huida del último monarca portugués, que salvó su vida por un margen de dos escasas horas.

De Ericeira nos vamos hasta Azenhas de Mar (en muchos GPS no aparece y lo más cercano posicionado es Praia das Maças). Hay un momento en que llegamos a un cruce. Mi GPS me marcaba que es mejor ir a mano izquierda, pero por experiencia, ya que he ido por ambos caminos, es más satisfactorio ir por la derecha, aunque sea un poco más largo.

De Azenhas de Mar lo interesante es la arquitectura y el urbanismo del pueblo, construido en las riberas de una azenha, que es una torrentera que acaba en el mar. Y también es interesante ver la piscina de agua marina de la parte inferior del pueblo: durante la pleamar queda sumergida y en la bajamar esa agua queda retenida, siendo mucho mejor para el baño que la abrupta costa, que no está exenta de peligro. Por cierto que los acantilados de la zona que va de Ericeira a Azenhas son bastante interesantes de ver por lo diferentes a lo que estamos acostumbrados de ver en el norte de España.

Azenhas, por cierto, pertenece a Sintra, que aunque no queda en esta ruta siempre es digna de ver. Sintra es, en mi opinión, el pueblo más bonito de Portugal.

Y enfilamos los últimos tramos de nuestra ruta visitando el Cabo de Roca, de espectaculares acantilados y que es el punto más occidental de la Europa continental. Hace un viento del carajo, así que si vais en invierno, mejor bien abrigados.

Y para finalizar, Cascáis y Estoril, dos poblaciones que en tiempos fueron lugar de veraneo de la flor y la nata de la alta sociedad europea y que hoy se benefician de las villas y palacetes que quedaron de ese tiempo para seguir siendo uno de los destinos turísticos más conocidos del país vecino.


El Mapa
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Un paseo por Sintra y Cascais

miércoles, 24 de junio de 2009

Paço Nacional de Sintra
Paço Nacional de Sintra


Sintra (30 mil visitas)
Paços do Concelho


Casona en Sintra
Casona


Casona en Sintra
Quinta en Sintra


Quinta da Regaleira (Sintra, Portugal)
Quinta da Regaleira


Castelo dos Mouros (Sintra, Portugal)
Castelo dos Mouros


Azenhas do Mar (Sintra, Portugal)
Azenhas do Mar
Paço em Cascais
Paço em Cascais
Hoy vamos a darnos una pequeña vuelta por el glamouroso mundo de la Jet Set. No vamos a ir a Marbella ni tampoco a Montecarlo, sino a la ya menos popular (pero infinitamente más bella e interesante) región de Sintra y Cascais.

Nuestro viaje comienza nuevamente en la lisboeta estación de Sete Rios, (Jardim Zoológico si vais en metro hasta ella). Para hacer el recorrido se puede coger un billete combinado y que tal vez no compense dependiendo del recorrido que pretendamos hacer o tal vez si, y mucho, ya que nos permite viajes ilimitados dentro del mismo día en parte de las redes de la compañía portuguesa de ferrocarriles (CP) y la compañía de autobuses que realiza el transporte urbano en Sintra (y no sé si en Cascais), y que si no recuerdo mal se llamaba Scotturb (o algo por el estilo).

Dejamos el tren en la estación de Sintra (terminal) y en la misma estación hay una oficina de turismo (que pronto colapsarán los viajeros) y podemos visitar brevemente el centro histórico (para localizarlo, seguir a los que salieron de la oficina de turismo con un mapa), tras pasar por delante de los Paços do concelho. Realmente tampoco tiene mucha pérdida, ya que está a los pies de un imponente palacio con dos chimeneas en forma de cono y con un tamaño ciertamente imponente. Es el Paço Nacional de Sintra.

Sintra es un pueblo bastante pequeño que se sitúa en la ladera de una montaña, dónde las clases acaudaladas del pasado construyeron bastantes parques y mansiones de pintoresca arquitectura cuya estética (rozando la horterada en muchos casos) estaba más pensada para aparentar que para agradar al ojo. El conjunto, sin embargo, resulta bastante agradable con todas esas casonas emergiendo de entre los árboles.

Callejear por Sintra no nos llevará mucho tiempo, ya que es un pueblo bastante pequeño, y podemos aprovechar para degustar el postre típico de la zona: la queijada, que se vende en numerosos locales.

Además del callejeo por la ciudad, hay otras muchas cosas interesantes para ver, como alguno de los palacetes, o el estupendo conjunto de la Quinta da Regaleira (ver el enlace relacionado del final de este artículo)

También merece la pena es empezar a sacar partido de nuestro carísimo billete combinado y tomar un autobús (línea 434) que nos lleve al Castelo dos Mouros y al Palacio da Pena. Para entrar en ambos hay que pagar una entrada.

El castelo fue originalmente construido por los musulmanes durante el período de la Reconquista y más adelante ocupado y utilizado por los cristianos, con los que se inició su decadencia. Esta sería completa con la expulsión de los judíos ya que en aquel momento eran los únicos habitantes del castillo. Algunos siglos después el rey consorte Fernando II decidió recuperarlo, convirtiéndose en una atracción turística.

El palacio da Pena por su parte está considerado como una de las joyas del romántico portugués y fue construido en el siglo XIX por el antedicho Fernando II, que lo convirtió en residencia veraniega de la realeza lusa sobre las ruinas de un convento de los jerónimos que había sido devastado por el gran terremoto de Lisboa del siglo XVIII.

Hora de comer. Aunque en Sintra hay numerosos restaurantes y un par de bares, yo me decantaría por uno de los más económicos (los normales sablean con bastante alegría al incauto y hambriento turista), el Xentra, que por las noches se transforma en Pub. La decoración interior es sobria y elegante, y por un precio razonable nos ofrecen un interesante menú consistente en una bebida, pan, sopa, un plato a elegir entre un par de alternativas (en mi caso fueron un entrecot de cerdo o una rodaja de salmón grelhado) y un postre. Creedme: son muy generosos a la hora de rellenar el plato y la comida es un auténtico manjar, aunque les falte algo de variedad.

Volvemos a la estación de ferrocarril de Sintra para coger el autobús. Podemos visitar la zona costera yendo hasta Azenhas do Mar, que está unido a Sintra por un tranvía que debe funcionar sólo los meses de verano, o hacer como yo y coger el bus hasta Cascais parando en el Cabo de Roca, el punto más occidental de la Europa continental.

Advertencia: a la hora de subiros a la línea de Cascais (la 403) mejor ir dopado de biodraminas. El conductor que me tocó en suerte estaba pirado (y soy muy amable diciendo esto) y la carretera tiene tantas curvas como una pista minera. En algún tramo pude ver claramente escenas de mi vida pasando ante mis ojos, como en uno muy estrecho, con muros a cada lado, pendiente pronunciada, bajando a toda marcha y viendo una furgoneta viniendo hacia nosotros cuando ya suponía que era un tramo de dirección única... encima el bus llegó con retraso y no paramos en ningún lugar fuera de las escasas paradas, con lo cual avisados quedais.

En mi caso el Cabo de Roca quedó descartado porque cuando pasamos por allí ya era de noche, y esperar una hora y veinte minutos por el siguiente autobús intuyendo el acantilado por el sonido no parecía el mejor plan del mundo. Ya había ido hace muchos años y tengo un vago recuerdo de unos acantilados escarpados y de un viento que soplaba continuamente.

Al llegar a Cascais podemos callejear nuevamente por sus rúas atiborradas de comercios y restaurantes, cuyos camareros, perfectamente uniformados, asaltan al turista carta en mano tratando de atraerlos hacia sus locales. Personalmente, me parece mucho más interesante irme hasta el puerto y visitar alguno de sus palacetes.

Porque Cascais fue residencia de reyes en el exilio, como Humberto II de Italia o la Familia Real española, que se asentó en la vecina Estoril (perteneciente al municipio de Cascais). Podemos trazar un pequeño recorrido hasta el impresionante cantil de Boca do Inferno. Para ello debemos ponernos en el pequeño puerto y dirigirnos hacia la muralla que veremos a la derecha (si estamos orientados al mar), pasarla y seguir siempre a la derecha hasta que encontremos un restaurante con el nombre del acantilado. En este camino es donde veremos un primer palacio (precioso), la residencia del exiliado monarca italiano y algunas con una bonita arquitectura.

Boca do Inferno es espectacular hasta en la oscuridad. La escasa luz que llega de la iluminación urbana da para que adivinemos su poder, y hasta veamos alguna columna blanca de espuma que se genera al chocar alguna ola contra las rocas y que impresiona por su magnitud.

De vuelta a Cascais podemos coger un tren que nos lleve de vuelta a Lisboa, utilizando la que es la vía férrea más veterana del país, ya que fue la primera en ser inaugurada, hasta la terminal de Cais do Sodré, dónde podremos enlazar con el metro o coger algún bus o eléctrico (tranvía) que nos lleve de vuelta a nuestro hotel o pensión.

El mapa

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